
Desde pequeño, yo que era adicto a la National Geographic, siempre me ha llamado la atención que las cebras y los ñus fuesen juntos a todos los lados como si se considerasen miembros de una misma especie.
Hay un español en la residencia del que nunca se habla y cuando se hace no es con términos muy agradables. Ni se le insulta ni se le trata mal, pero no se le invita a cenar, ni a salir de fiesta. Nadie le visita en su habitación ni le incluye en ningún plan. Se le califica de raro, y se le nombra con desdén, con apatía. ¿Qué ha hecho este chaval para ser condenado al ostracismo? Muy sencillo, su delito es la deserción. Dicho de otra forma, tiene amigos no españoles, y por lo que he podido comprobar en los últimos años, sus compatriotas mayoritariamente no perdonamos tal actitud. Las pandillas de los europeos son multinacionales y, aunque nosotros tengamos fama de abiertos y fiesteros, a la hora de la verdad, por regla general, solemos juntarnos solo con españoles. ¡¡Hasta los portugueses son más cosmopolitas en ese sentido¡¡ Y es que los españoles somos únicos... o casi, porque si algún otro pueblo comparte nuestro carácter, ese es el italiano. ¿Otro pueblo he dicho? Error. Cada vez tengo más claro que españoles e italianos somos dos caras de una misma moneda, y cada vez tengo más claro que el resto de europeos también lo tienen claro. La italoespañola es la fusión más típica y común. ¿Será por el idioma? Cuando llegué a esta resi los grupos estaban hechos y, por supuesto, italianos y españoles hacían piña... pero solo se podían comunicar en inglés, así que el idioma no es la razón y si así fuese alemanes y austriacos, franceses y belgas o británicos e irlandeses tendrían más motivos para ir de la mano. Sea como sea, la frase que más repite todo español antes de subirse al avión es 'no me voy a juntar con españoles'... muy pocos lo cumplen y quienes lo consiguen o se juntan con italianos o son señalados por el resto de españoles.
¿Somos los españoles e italianos como los ñus y las cebras? De esto precisamente, aunque en otros términos, hablaba ayer con un amigo del curso de inglés, italiano, por supuesto.
Ayer mismo Isabel dejó Bruselas. Estos días la verdad es que nos lo hemos pasado genial, los hemos exprimido hasta tal punto que se han quedado en na'. Vamos, que se han pasado volando y cuatro días a penas parecen un par de horas. Como siempre, nuevas anécdotas históricas que apuntar. Por cierto, Isa se marcha de Bruselas con blog, por fín. A pesar del madrugón que nos pegamos, gracias a la eficacia de la secadora de mi resi que alargó en Isa la agonía de verse en Reino Unido sin ropa seca, la vuelta al trabajo no fue para nada dura... y ya os puedo decir que la semana tampoco, dado que hoy ya estoy en viernes. Mi jefe parte mañana para Reino Unido y hasta el lunes el chiringuito está cerrado, así que este que escribe, para variar, no puede tener queja.