
La primavera se ha instalado en Bruselas y avanza rápidamente hacia el calor veraniego. Ayer hizo presencia la primera tormenta de verano cargada de truenos, nubes grises y lluvia que duró tan solo una media hora. Las grises calles de Bruselas son ahora una explosión de color en la que domina el verde, el blanco y el rosa gracias a curiosísimos árboles que añaden un toque original y exótico a la ciudad.
En la residencia sin embargo... la gente se fue de vacaciones y esto quedó muerto, a lo que debemos sumar el problema con la secadora que debería haber estado resuelto ya pero que sin embargo no lo está. La ropa lavada hace una semana y secada en bolsas aún espera volver a ser lavada mientras se va acumulando más y más ropa para lavar. Por si esto fuera poco algún problema con las cañerías ha provocado que nos quedemos todos los de mi pasillo sin agua en las habitaciones, sin baño y sin ducha. Por lo que tenemos que irnos a otro bloque para llenar un simple vaso de agua, lavarnos los dientes o ducharnos por la mañana... y oficialmente no se sabe el tiempo que tendremos que aguantar así... Obviamente cuando encuentras un alojamiento tan barato no solamente te arriesgas a vivir aislado lejos del centro y lejos del trabajo sino que estos percances entran en la mensualidad.
Por otra parte este lunes parto para Estrasburgo para, finalmente, llevar a cabo la exposición en el Parlamento Europeo en la que he estado trabajando desde que llegué, espero para entonces tener ropa limpia porque si no habrá que recurrir a la caridad o a la hoja de parra.
Y por último aquí teneis la segunda postal del regreso a los cincuenta, refiriéndose a la canción Slowly de Ann Margret que podeis escuchar en el video de arriba a la derecha mientras disfrutais de estas fotos de Bruselas en primavera.




